Mi primera cámara fue una Agfa que me regaló mi padre; a él le debo mi afición por la fotografía y, tanto a él como a mi madre, mi pasión por la naturaleza: ellos nos aficionaron semana tras semana, a mis hermanos y a mí, a la montaña.
Tras mi primera cámara llegó una Olympus OM-10 que me introdujo en el mundo de las SLR. Cuando ésta falló (después de casi veinte años) di el paso a una Nikon F80 y, poco después (a pesar de ser un defensor a ultranza de los analógico), llegaría el turno de lo digital: la Nikon D70. Quiso la mala suerte (¿mala?) que esta cámara se mojara dentro de un hide en compañía de mis buenos amigos Nilo Merino y Santi Cillero, y me viera "obligado" a dar el que, espero, sea el salto definitivo: la Nikon D200.
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